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miércoles, 7 de febrero de 2018

HISTORIAS DE MUJERES DE LA HISTORIA : Delmira Agustini

HISTORIAS DE MUJERES DE LA HISTORIA

DELMIRA AGUSTINI





En 1886 nace en Montevideo Delmira Agustini reflexiva, idealizadora, melancólica.




De padres sobre protectores, no fue a la escuela. Su madre la educó y sólo a los 16 años sale a estudiar francés y pintura. .

 .














Fue una hija obediente y de su casa, muy del tipo de mujer que seguramente quiso y obtuvo Enrique Job Reyes, rematador de hacienda con quien se casa en 1913 a los 27 años de edad.











Pasaba días sin comer, como poseída por el arte. La aturdía la impaciencia por producir, por arrancar de su interior las luces  y sombras que acosan a todo artista.













Un año antes de su casamiento, en 1912 el gran Rubén Darío pasa por Montevideo y se  conocen. Ella, admiradora de su genio, se identifica con la fuerza y la sensualidad de su pluma.
El escribe:
 “carne, celeste carne de la mujer, arcilla,
                                Ambrosía mas bien, oh maravilla “
Para él la mujer es su cuerpo, el amor no anda por los dominios del alma si no de los sentidos.
Ella intercambia con él algunas cartas y él en una de ellas le pedía “más sinceridad”…






Con Reyes ella vivió seguramente la intensidad del deseo durante su noviazgo pues no pueden surgir de la nada la profunda vivencia del deseo que transmiten algunos de sus poemas. El le recuerda en una carta cómo se opuso a  poseerla cuando ella se lo pidió y cómo se opuso a que se fugaran  cuando se lo propuso, llevada por la fogosidad de su temperamento.
Tal vez él, correcto, corriente, común, fue el hombre que despertó sus sentidos pese al que parece haber sido el gran amor de su vida y que le hizo dudar el mismo día de su boda de seguir adelante  con la ceremonia: el argentino Manuel Ugarte.







Buen mozo, viajero, seductor. Periodista, político, poeta, narrador, orador, embajador luego ante México y Nicaragua, tuvo como correligionarios a José Ingenieros y Alfredo Palacios.














En 1913, el año del casamiento de Delmira ella ya estaba enamorada de él.
El viaja por primera vez a Montevideo en ese año, llevado por su ideario americanista y termina siendo testigo de casamiento.

En las publicaciones de Delmira hay una progresión en la calidad poética, en la hondura de su experiencia y en las formas intensas de decirlas. No hay antecedentes en su poesía previa y por ello podemos decir que sus transgresiones y libertades para expresar su erotismo y la osadía de su escritura fueron posibles por la influencia de la poética de Darío.






Manuel Ugarte la conoce al regalarle ella un libro con sus versos. Ella se casa en Agosto de 1913. El vuelve a la Argentina y el 31 de Octubre es detenido en Buenos Aires. El 10 de Noviembre presenta su renuncia por discrepancias con el Partido Socialista. Su perfil antiimperialista lo lleva a participar en congresos junto a Lenín y Rosa de Luxemburgo.
El 13 de Noviembre recibe la carta de expulsión del partido.

El matrimonio de Delmira dura 2 meses. Ella regresa a su casa materna diciendo:”no soporto tanta vulgaridad”.
El amor desesperado coincide en ella con la época pre-marital, con el día de su casamiento, con la separación y el rápido divorcio y los encuentros clandestinos y tal vez apasionados con Reyes, lo que no le impide iniciar con Ugarte un sugestivo intercambio epistolar. Escribe “Usted hizo el tormento de mi noche de bodas y de mi absurda luna de miel”.



En la relación sentimental ella toma la delantera. Envía versos encendidos: “cura en mis labios la tremenda herida buscando un encuentro que no se dará”
A pesar de su reticencia, él le escribe “Déjeme que me acerque apretándola contra mi cuerpo y que ponga al fin en su boca el largo, culpable, inextinguible primer beso que siempre nos hemos ofrecido”

Hay investigadores que censuran a Manuel Ugarte por considerarlo apático a los ruegos de ella. Otros opinan que la falta es de Delmira que reclama tontamente amor sin comprender la trascendente misión política que tiene él en sus manos, A otros conmueve el valor y el arrojo que tiene Delmira para sentir amor y reclamarlo.
Había nacido inadaptada, inadaptable, superior al ambiente en que estaba. Tal vez habría sido infortunada en todas partes.



Cuando ella muere en manos de su esposo de 2 tiros en la cabeza: (estaba vistiéndose, luego se suicida él), quedan dos cartas que documentan la relación frustrada, la desesperanza y el deseo sin consumación, nostalgia de ser tocada por unas manos, mirada por unos ojos de los que la separaban el río, la política, la reticencia de Ugarte que parecía no querer comprometerse.





Esa pasión no traspasó el umbral de las cartas.
En el sueño, su ensueño, espera, mira, desea con la tremenda tensión que ha ido creando y atribuyendo al otro. Escribe:



“Te inclinabas a mí, supremamente
  y tanto te inclinaste
  que mis flores eróticas son dobles
  y mi estrella es mas grande desde entonces…”


“Y cuando
  te abrí los ojos como un alma,  vi
  que te hacías atrás y te envolvías
  en yo no sé qué pliegue inmenso de la sombra!”

Un  trágico amor imposible.





                                                                    ISABEL MERELLANO
                                                                                          
                                                                         Noviembre de 2009



jueves, 25 de enero de 2018

CONTRATO DOCENTE - 1923 -


En 1922  asume la presidencia de la Nación el Dr. Marcelo T. de Alvear, entre los ministros que nombra está Celestino I. Marcó a quien le entrega la cartera de Justicia e Instrucción Pública. 


En 1923 los docentes para acceder al puesto, tenían que firmar un contrato que hoy sería imposible de aceptar.
Para aquellas que no lo conocieron aquí va.  


CONSEJO NACIONAL DE EDUCACIÓN -
 CONTRATO DE MAESTRAS 
  
                                                              AÑO 1923   
Este es un acuerdo entre la señorita............maestra y el Consejo de Educación y de la Escuela por el cual la señorita ..................................acuerda impartir clases por un periodo de ocho meses a partir del......................de 1923.
    
La señorita acuerda:
 
   1* - No casarse. Este contrato quedara automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa
   2* - No andar en compañía de hombres.
 
   3* - Estar en su casa entre las 8 (ocho) de la tarde y las 6 (seis) de la mañana, a menos que sea para atender una función escolar.
   4* - No pasearse por las heladerías del centro de la ciudad.
   5* - No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin el permiso del presidente del Consejo de   Delegados.
   6* - No fumar cigarrillos. Este contrato quedara automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.
   7* - No beber cerveza, vino ni otras bebidas espirituosas. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra bebiendo....
    8* - No viajar en ningún coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre.
   9* - No vestir ropas de colores brillantes.
  10* - No teñirse el pelo.
  11* - Usar al menos dos enaguas
  12* - No usar vestidos que queden a mas de cinco centímetros por encima de los tobillos.
  13* - Mantener limpia el aula.:
          a) Barrer el suelo del aula al menos una vez al día. 
          b) Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente y jabón.
          c) Encender el fuego a las 7 (siete), de modo que la habitación esté caliente a las 8 (ocho) cuando  lleguen los niños.. 
          d) Limpiar la pizarra una vez al día.
   14* - No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.





Alumnos y docente en 1923

martes, 23 de enero de 2018

HISTORIAS DE MUJERES DE LA HISTORIA : Camila O'Gorman

CAMILA O´GORMAN 





            Camila O´Gorman y Ladislao Gutiérrez tal vez nacieron en el momento equivocado, apenas había transcurrido el primer cuarto del siglo XIX: ella era una niña de sociedad de clase alta y él un sacerdote católico de la orden jesuita que, por haber hecho el seminario con uno de los hermanos de la joven, comenzó a frecuentar la casa.

Se decía que él era juicioso, lleno de aptitudes y que había llegado a Buenos Aires para seguir la carrera eclesiástica. Fue ordenado a los 24 años y designado párroco de la Iglesia del Socorro.

            Camila tenía una fuerte personalidad probablemente heredada de su abuela (Anita Perichón, amante de Santiago de Liniers); era amiga íntima y confidente de la hija de Rosas.

            Poco tiempo después de haberse conocido los jóvenes iniciaron un romance clandestino, en 1847 se fugaron a caballo refugiándose en le provincia de Corrientes. En Goya, después de haber obtenido una nueva identidad, abrieron una escuela para niños y pudieron vivir cuatro meses de felicidad.
            Su destino final debía ser el Brasil, pero no pudieron alcanzarlo ya que se toparon con un sacerdote irlandés que conocía a Ladislao y los descubrió.

            Al día siguiente ambos jóvenes fueron encarcelados e incomunicados, a pesar de ello Camila logró hacerle llegar una carta a su amiga Manuelita Rosas quien le prometió ayuda.

            Las declaraciones que hicieron ambos jóvenes por separado no mostraban arrepentimiento ya que aseguraban estar satisfechos a los ojos de la Providencia y tener sus conciencias tranquilas.




Rosas ordenó la inmediata ejecución de los amantes sin dar lugar a apelación o defensa alguna.

            Manuelita jamás se enteró del avanzado estado del embarazo de su amiga.

Cada uno de ellos fue sentado en una silla, les vendaron los ojos y, escoltados por la banda de música del batallón, los llevaron al patio y fueron fusilados.


            Según la licenciada Lucía Gálvez “esta historia de amor de inocentes víctimas de intereses políticos, iba a convertirse con el tiempo en el suceso más imperdonable del gobierno de Rosas…sería el comienzo del fin”.

            Por último un detalle curioso: quien más influyó sobre Rosas para que ajusticiaran a los amantes fue el presbítero Felipe Elortondo y Palacios (Dean de la Catedral de Buenos Aires), claro que don Felipe olvidó comentarle a Rosas que él también había tenido un hijo con doña Mercedes Elizalde, dama de la sociedad. El niño fue adoptado por su madre y un tío del presbítero Elortondo, dando origen a la familia Elizalde de la que desciende María Luisa Bemberg, directora de la película “Camila”.


                                                                            CORA STÁBILE

                                                                           Noviembre 2009.

sábado, 20 de enero de 2018

HISTORIA DE LAS CALESITAS

 Historia de las calesitas y/o carrusel recopilada de la página de la.
 Asociación Argentina  de Calesiteros y afines.

La palabra Carrusel tiene sus orígenes en el idioma italiano Garosello, y en español Carosela que significa "Primera batalla".
Así se llamaba un ejercicio de entrenamiento para combate que practicaban los turcos y los árabes allá por el año 1100, y que reforzaba la preparación de los jinetes para la batalla al atacar con espadas de madera a muñecos que representaban al enemigo. Consistía en caballos de madera suspendidos de vigas que eran soportadas por una columna central. El entrenamiento de los jinetes se centraba en apuntar con lanzas, tratando de ensartar anillos ubicados alrededor del carrusel (sortija).



La primera que llegó a Buenos Aires fue en 1860 y estaba impulsada por un caballo. Hacia 1930 llegó el motor naftero y con el tiempo los demás avances técnicos, que lograron convertirlas en una de las diversiones preferidas de la niñez.


















Las calesitas tienen caballos, autitos, avioncitos, trencitos, tazas —especie de mini calesitas con sillitas—, lanchas, perritos. Algunos caballitos son réplicas de las pinturas de Florencio Molina Campos. La mayoría de los barrios porteños tuvieron y algunos tienen aún su calesita. La denominación “calesita” es argentina. Deriva de la expresión “vamos a jugar a las calesas”. De ahí, al “calesero” y al “calesitero”, hasta llegar a la “calesita”.







 En la calesita los caballos de madera permanecen quietos, mientras que en los carruseles suben y bajan. Esta es la principal diferencia aunque se nombren indistintamente.








Las Calesitas de Buenos Aires son consideradas patrimonio cultural. La primera calesita argentina se instaló entre 1867 y 1870 en el antiguo barrio del Parque, que quedaba entre lo que hoy es el Teatro Colón y el Palacio de Tribunales, donde se encuentra actualmente la Plaza Lavalle. La misma había sido fabricada en Alemania, ya que hasta 1891 no se fabricaría una en el país. Esta primer calesita argentina fue construida por Cirilo Bourrel, Francisco Meric y un financista español apellidado De la Huerta, y fue instalada en la entonces plaza Vicente López. La empresa que habían formado se disolvió a los pocos años, y sólo De la Huerta continuó fabricándolas.
Solía vendérselas a los inmigrantes españoles con facilidades pago, para que tuvieran una fuente de trabajo apenas arribaran al país.





El primer carrusel argentino fue fabricado por la empresa Sequalino Hnos., que había sido fundada en la ciudad de Rosario, por encargo de otra empresa, la CUMA - Carruseles Ultramodernos Argentinos La Salvia. Este carrusel funcionó por primera vez en 1943, en un terreno ubicado en la intersección de la Avenida Rivadavia y la calle Hidalgo. En 1946 fue trasladada al Zoológico de Buenos Aires, donde permaneció hasta 1979 cuando fue comprada por 19 mil dólares y trasladado a un predio que posee el Club de Leones, ubicado en la localidad de Ayacucho.
Los paneles tienen tallas en relieve realizadas por el artista Antonio Rispoli, que se inspiró en las ilustraciones infantiles del dibujante Rodolfo Dan. Esas imágenes reproducen las principales escenas del cuento "Los tres chanchitos" y emocionantes pasajes circenses.


Igualmente, la estrella sigue siendo el organito motorizado La Salvia, que, a despecho de los discos láser o de los cassettes, es el único que toca la música. Fue construido por los hermanos Pascual y Vicente La Salvia, fundadores de CUMA, y posee 48 teclas y 180 tubos. Sobre la bandeja hay tres muñecos de unos 45 centímetros de altura, vestidos a
la usanza turca de antaño. El del medio, un adusto director, mueve la batuta con calculado entusiasmo, al compás de la música. 
A ambos lados lo acompañan dos modestos servidores de turbante y ropajes sencillos. Uno agita una campana y el otro aporrea un triángulo. A este se lo robaron hace unos años, pero apareció en las afueras del pueblo, tirado en una zanja. 



Sobre el piso se descubren autitos, aviones con una sola hélice y varios tríos de caballitos y leones que suben y bajan cuando gira el carrusel, con lo que se marca la principal diferencia con las calesitas, en las que los componentes son estáticos.





   Luthiers de profesión, estos hermanos fueron los pioneros en lo que sería la mayor atracción de los chicos argentinos durante muchos años: la calesita. Ya instalados en este país fabricaron los famosos organitos con música. Aprovechando estos instrumentos, Vicente y Pascual tuvieron una idea: formar una empresa para la construcción y explotación de carruseles con música de organitos. La empresa se llamó CUMA -Carruseles Ultramodernos Argentinos Lasalvia- y encaró la construcción de varias calesitas.





Las actuales calesitas de Buenos Aires, un poco más de cincuenta, están instaladas en su mayoría en parques y plazas y fueron construidas por la empresa cordobesa de los hermanos Sequalino, que construía no sólo para el país, sino también para Uruguay, Perú, Chile, Paraguay y Brasil. Cada calesita tenía un período de producción de alrededor de un mes y funcionaban con energía eléctrica, pero como también fabricaban para pueblos donde la electricidad no llegaba, algunas eran movidas por caballos. Sequalino Hnos. encargó al tallista Ríspoli la decoración de las calesitas, quien ejecutó figuras corpóreas como caballos en exposición, leones y burros.
La fábrica que supo proveer de este juego a buena parte de la región, cerró definitivamente en 1984.
La calesita de Pompeya también fue fabricada por la firma Sequalino Hnos. y se caracteriza por los notables tallados en madera de caballos y leones, por los biombos con motivos de cuentos fantásticos o escenas circenses, en cedro trabajado a mano, y la clásica música de los organitos que caracterizaron esa marca desde el comienzo.

Un relevamiento de la Dirección General de Patrimonio, para la Secretaria de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, relevó 52 calesitas en toda la capital, incluyendo aquellas que no están ubicadas en una plaza. Tras un intento de subasta pública, 26 de ellas fueron declaradas como patrimonio cultural de la ciudad para garantizar su preservación, como las de las plazas Almagro, 1º de Mayo, Irlanda, Las Heras y los parques Avellaneda y Rivadavia, entre otros espacios públicos. Fueron muchas las que cerraron: en 1959 llegó a haber más de un centenar. Si desean saber su ubicación puede consultarse el siguiente link  http://www.asociacioncalesitas.com.ar/bsas.html.



La  pera y la sortija son un invento tan argentino como la milonga y el dulce de leche.
La sortija es el  instrumento metálico insertado dentro de la pieza de madera con forma de calabaza. Es agitada por el calesitero, que se posiciona de pie abajo de la calesita en un lugar fijo; mientras los niños intentan agarrarla ya que quien consigue hacerlo, obtiene el derecho a dar una vuelta adicional en calesita de manera gratuita.


La sortija se introdujo en la calesita durante los años 30, época en la que solía encontrarse a calesiteros nómades, que armaban sus calesitas en cualquier potrero, donde permanecían un tiempo y luego se mudaban a otro sitio.
 Y no puede faltar en esta recordación de las calesitas la que tiene nuestra Plaza Mariano Boedo